Se frena el goteo de los depósitos en dólares, ¿vuelve la maquinita? – 21/09/2019

El control de cambios implementado por el ministro Hernán Lacunza consiguió estabilizar al dólar, un logro que parece sencillo pero que se presentaba muy difícil después del resultado de las PASO.

Lacunza aparece ahora «sentado» sobre la caja de dólares administrando la gran cantidad de trabas y dificultades propias de pasar de un sistema de amplia libertad a otro de manejo discrecional caracterizado por la escasez de divisas frente a un escenario político-económico incierto.

Una fotografía de la caja de dólares del Gobierno muestra que las reservas «netas» del Banco Central, que incluyen las propias del organismo y los US$7.200 millones del Fondo Monetario destinados a fortalecerlas, rondan los US$11000 millones.

En la partida de enfrente, los vencimientos de compromisos en dólares, tanto con privados como con los organismos financieros internacionales, supera por poco los US$7000 millones desde ahora hasta fin de año.

A primera vista, el Gobierno no debería tener problemas para cumplir con los compromisos de dólares hasta fin de año, pero le faltan los de pesos.

Según los cálculos de Daniel Artana, economista jefe de Fiel, esas obligaciones rondarían los $250.000 millones, a los que habría que adicionarle otros $150.000 millones por el déficit fiscal primario, lo que haría un total de $400.000 millones.

Con un mercado externo cerrado para la colocación de deuda argentina, las necesidades de pesos las deberían cubrir con financiamiento doméstico y es en ese punto donde surge la posibilidad de tener que recurrir a la vieja y conocida emisión monetaria.

A tres semanas del control de cambios y con una inflación que en septiembre podría rondar 5,5% el Gobierno optó por aflojar el corsé monetario y en la semana anunció nuevas pautas de crecimiento para la cantidad de pesos en circulación. No haberlo hecho, opinan los expertos, solo hubiese conducido a profundizar el impacto recesivo del salto cambiario posterior a las PASO del 11 de agosto.

El aflojamiento de la dureza monetaria será uno de los temas que tratará en la semana Lacunza con los funcionarios del FMI en Washington que ahora tienen un argumento adicional para justificar la demora del desembolso de US$5.400 millones que, según entienden dentro y fuera del Gobierno, llegaría después de las elecciones del 27 de octubre.

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La acción del Gobierno es intensa: aplicó el control de cambios y logró serenar al dólar. Los bancos reconocen que el goteo de depósitos se redujo en forma sensible. La autorización de 4% de suba en los combustibles demuestra que los congelamientos se pueden vulnerar en caso de cambios importantes en variables clave como el precio del petróleo y, por último, sacó una extensa resolución sobre operaciones de comercio exterior para fijar con más precisión las liquidaciones de exportaciones.

En resumen, todo sea para cuidar los dólares en el entendimiento de que los ingresos de divisas serán contados en las próximas semanas. Y despues, según la visión de los operadores financieros, el curso cambiario dependerá de las señales que emita Alberto Fernández en caso de ganar la elección.

Hasta ahora dejó en claro que piensa renegociar la deuda con el FMI y con los acreedores privados, que buscará expandir el consumo en base a un acuerdo de precios y salarios con empresarios y sindicalistas, que alentará las exportaciones de la mano de un dólar alto con un régimen especial para la energía de Vaca Muerta y un regreso a las retenciones para las exportaciones agropecuarias para tratar de bajar el déficit fiscal.

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La idea de un dólar alto aparece como denominador común de los pronósticos económicos para los próximos años. Sin un dólar de ese tipo  que, por otra parte sería el resultado de la escasez, es difícil que las exportaciones repunten. Pero esa sería una condición necesaria pero insuficiente en un mundo en el que el comercio mundial va para abajo.

El panorama económico se presenta colmado de restricciones y la necesidad de un plan sustentable cobra relevancia día a día. Mientras tanto, los ahorristas se refugian en los dólares esperando a que los acontecimientos sucedan.

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