El dólar (y todos sus apellidos), una obsesión argentina que desequilibra la economía

Los argentinos piensan en dólares. Ya sea para ahorrar, viajar o comprar y vender propiedades. El precio de la divisa es una preocupación cotidiana, tanto como el clima.

Esta dependencia cultural impacta directamente en la economía. Y sorprende y confunde por las múltiples cotizaciones y denominaciones que se imponen: desde dólar solidario, blue y turista, al dólar futuro, bolsa, contado con liquidación y Banco Nación.

Cada uno tiene precios y mecanismos diferentes de adquisición. Es un complejo mercado cambiario no apto para despistados.

Basta que el gobierno de turno anuncie controles a la compra y venta de divisas, o que asegure que no habrá devaluación, para que se dispare la ansiedad por conseguir la moneda estadounidense, aunque sea a un precio caro, en mercados formales e informales. 

La sicosis es permanente y se acrecienta en tiempos de crisis económica, como los de ahora. El expresidente Mauricio Macri le heredó a Alberto Fernández un combo explosivo que incluye recesión, inflación, devaluación, empobrecimiento y una multimillonaria deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que Argentina debe pagar en dólares que no tiene.

Cecilia González, escritora y periodista.

El expresidente Mauricio Macri le heredó a Alberto Fernández un combo explosivo que incluye recesión, inflación, devaluación, empobrecimiento y una multimillonaria deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que Argentina debe pagar en dólares que no tiene.

De ahí que los esfuerzos del presidente peronista para equilibrar la maltrecha economía incluyan llamados a que los ciudadanos terminen con la práctica de ahorrar en dólares. Son recursos superiores a los 300.000 millones de dólares que se mantienen inactivos porque están guardados en cuentas en el exterior o en los hogares argentinos. Sí, en efectivo. Así es la desconfianza en el sistema bancario y en el político.

Para desalentar esta práctica, Fernández impuso un recargo del 30% a la compra de la divisa con fines de atesoramiento («dólar ahorro») y a las compras que se realicen en el extranjero («dólar turista»), ya sea billetes de avión, hoteles y todo tipo de consumo en otros países, hasta la suscripción dolarizada de plataformas digitales.

La prensa bautizó este nuevo mecanismo como «dólar solidario», en referencia a la Ley de Solidaridad Social, que incluyó un paquete de medidas económicas de emergencia propuestas por el presidente y aprobada por el Parlamento. Hoy, este dólar cotiza en 81,90 pesos.

Pero también está el «dólar Banco Nación», que cuesta 63 pesos y que promedia la cotización oficial de la entidad estatal y del resto de los bancos privados. En realidad es un precio prácticamente inconseguible, porque se le debe implementar el 30% de recargo aplicado por el nuevo gobierno. Además, hay un tope. Cada persona sólo puede comprar un máximo de 200 dólares mensuales.

El «dólar blue» es la estrella del mercado negro, ilegal o paralelo, y hoy vale 77 pesos. Lo ofrecen los «arbolitos», personas que, paradas en las calles del centro de Buenos Aires, gritan «¡cambio, cambio!» para atraer a clientes interesados en comprar la divisa en montos mayores a los permitidos, aunque el precio sea más alto que el oficial. Para ello, son llevados a las «cuevas», oficinas muchas veces lúgubres, semi escondidas en los cientos de edificios de oficinas de «la city» porteña, ubicada en los alrededores de la Plaza de Mayo, y que es el corazón financiero del país. 

Un turista ni siquiera lo piensa: si va a una casa de cambio legal, le darán 58 pesos por cada dólar, pero si lo hace en una «cueva», obtendrá 71,50 de la moneda local.

Otras opciones son el «dólar contado con liquidación», operación que permite cambiar pesos argentinos por dólares en el exterior, a través de la compra y venta de acciones o títulos de deuda, o el «dólar bolsa», que se obtiene mediante la compra de bonos en pesos que se pueden revender en divisa estadounidense durante una misma jornada y que también es conocido como «dólar MEP», por las siglas del Mercado Electrónico de Pagos.

El «dólar futuro», por otro lado, se basa en los acuerdos que establecen dos agentes financieros para calcular el precio de compra y venta de la divisa en un lapso determinado, siempre a partir de la especulación de lo que puede valer una vez concluido el plazo.

Ninguna de estas tres alternativas paga el 30 % de recargo del «dólar solidario», pero son operaciones más complicadas para el ciudadano de a pie, argentinos que, por más llamados que haga el presidente de turno, no van a dejar de buscar alternativas para comprar divisas. 

El refugio 

La dependencia con el dólar tiene una larga historia, ya que el ahorro en esta moneda es el único refugio que los argentinos han encontrado ante sus intermitentes crisis económicas.

En 1975, un ajuste provocó que la inflación aumentara más del 700 % anual. En 1989 fue todavía peor. Padecieron una hiperinflación superior al 3.000%, con jornadas caóticas, saqueos a supermercados y reetiquetación de precios durante un mismo día. En los 90, la subordinación de la moneda argentina se consolidó cuando el gobierno de Carlos Menem decretó que un peso valía igual que un dólar, ficción que no se sostenía con las condiciones económicas del país y que terminó en una grave crisis, con muertos incluidos, en diciembre de 2001. La crisis marcó el fin anticipado del presidente Fernando de la Rúa, quien sólo pudo cumplir dos de los cuatro años para los que había sido elegido.

Frente a cada uno de estos episodios, quienes podían compraban dólares para proteger sus ahorros. Aun así, fueron estafados con el «corralito» que estableció el gobierno de De la Rúa durante sus últimos días y que limitó la extracción de las cuentas de ahorro. «El que depositó dólares, recibirá dólares», prometió más tarde el presidente interino Eduardo Duhalde. En realidad, quienes depositaron dólares recibieron pesos en bonos que se pagaron en plazos de varios años. 

Aunque la convertibilidad que igualaba al peso con el dólar terminó en 2002, la desconfianza hacia los bancos y a los gobiernos persistió tanto como las prácticas que todavía hoy tienen al dólar y no al peso como moneda de referencia, en particular las propiedades que se tasan en divisa estadounidense. El mercado inmobiliario siempre es de los primeros afectados por las crisis porque las ventas se paralizan, ya que cada centavo que aumenta, la divisa incrementa de manera automática el valor de la propiedad y desalienta a los compradores. 

Cecilia González, escritora y periodista.

La desconfianza hacia los bancos y a los gobiernos persistió tanto como las prácticas que todavía hoy tienen al dólar y no al peso como moneda de referencia, en particular las propiedades, que se tasan en divisa estadounidense.

En 2011, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien padeció nueve corridas bancarias de especuladores que impulsaban devaluaciones, aplicó una serie de controles al mercado cambiario que la prensa bautizó como «cepo», aunque en estricto sentido este no existía porque sí había alternativas para comprar la moneda estadounidense.

Entre más controles se impusieron, mayor fue la compra del «dólar blue» o ilegal, que llegó a costar incluso un 70 % más que el dólar oficial, que era mucho más barato, pero de difícil acceso porque se debían cumplir trámites ante las autoridades fiscales. Fue en esa época que aparecieron los variados y confusos nombres de la divisa como dólar ahorro, dólar bolsa, dólar turista o dólar tarjeta.

Más tarde, una alta inflación que jamás fue reconocida por el kirchnerismo, conflictos con el pago de la deuda, los controles confusos, el permanente temor a una crisis económica y las elecciones presidenciales formaron una mezcla que, otra vez, llevó a miles de argentinos a refugiarse en el dólar.

Desde 2011 a 2015, cuando Fernández de Kirchner terminó su segundo mandato, el dólar oficial aumentó su precio de 4,20 a 9,90 pesos, mientras que el ilegal se disparó de 4,80 a 14,60 pesos.

Cecilia González, escritora y periodista.

Cuando Macri asumió la presidencia, cumplió su promesa de terminar con el «cepo». En un solo día, el dólar oficial pasó de 9,9 a casi 15 pesos. El papel de la prensa más influyente fue decisivo, ya que, a diferencia de lo que habían hecho durante el kirchnerismo, no azuzaron sicosis alguna.

Cuando Macri asumió la presidencia, cumplió su promesa de terminar con el «cepo». En un solo día, el dólar oficial pasó de 9,9 a casi 15 pesos. El papel de la prensa más influyente fue decisivo, ya que, a diferencia de lo que habían hecho durante el kirchnerismo, no azuzaron sicosis alguna. 

El modelo macrista, sin embargo, fracasó. Las inversiones que esperaba gracias a la confianza que creía que los mercados tenían en su gobierno, nunca llegaron. Tampoco la recuperación económica. Al final de su gestión, restringió la venta de divisas. En una nueva variante del «cepo», estableció, por decreto, que había que pedir autorización al Banco Central para comprar dólares con un tope de 10.000 dólares al mes. El monto se redujo luego a sólo 200 dólares. Fue una derrota para él, ya que tuvo que aplicar una de las medidas kirchneristas que tanto había criticado.

Así, Macri recibió un dólar oficial a 9,90 pesos y lo entregó en 63,30 pesos. La devaluación durante su gobierno fue aguda y persistente, a pesar de que en varias ocasiones prometió que lo peor ya había pasado.

Ahora, Alberto Fernández se encuentra con el reto de normalizar al mercado cambiario, evitar más fuga de capitales, conseguir financiamiento e inversiones, cumplir los compromisos con el FMI y lograr que volatilidad, crisis, sicosis, incertidumbre, temor y desconfianza dejen de ser palabras asociadas de manera permanente con el dólar, esa gran obsesión argentina.

Fuente:

Leave a Reply