El ilusorio paraíso del «1 a 1»: cuando el peso fue convertible

Por Mariana Luzzi y Ariel WIlkis *

En enero de 1991 una fuerte devaluación del peso sacudió el verano de los argentinos: en pocos días, el dólar saltó de 5800 a 9800 australes. Con el recuerdo fresco de las crisis de 1989 y 1990, la nueva tormenta cambiaria fue la oportunidad para que se pusiera en marcha el gran laboratorio económico que fue el régimen de convertibilidad y que durante diez años no sólo domesticó la inflación, sino que contribuyó a sellar, transformándolo, el pacto que los argentinos establecieron con la moneda norteamericana.

La hiperinflación reciente había contribuido, entre otras cosas, a modificar las prácticas económicas más usuales de los argentinos; la tendencia a expresar en dólares los precios de muchos bienes durables, importados o no, era parte de ello. Por eso, cuando poco después de su asunción Domingo Cavallo comenzó a dar forma al plan que ataría el valor de la moneda nacional al de la norteamericana, muchos consideraron que la estrategia no era sino “la aceptación de una realidad que se vivía cotidianamente”. Sin ser una política de dolarización en sentido estricto, en la que la moneda norteamericana desplaza por completo a la moneda nacional, la convertibilidad suponía una forma de dolarización parcial, en la medida en que el dólar adquiría curso legal y que la emisión monetaria quedaba limitada al volumen de las reservas en dólares del Banco Central.

En poco tiempo, la convertibilidad cumplió con el objetivo de legalizar la instalación del dólar entre los argentinos. No sólo los precios se decían en dólares, sino que también se podía pagar o realizar contratos en aquella moneda. Al mismo tiempo, florecía una oferta creciente de crédito a corto y largo plazo, proveniente tanto de bancos, como de escribanías, inmobiliarias o cadenas comerciales, mayoritariamente nominada en dólares.

El peor final. Reclamos por los ahorros en los bancos, a inicios de 2002 / AFP

El enorme costo social, económico y político del esquema económico sostenido sobre el 1 a 1 no tardó en quedar a la luz. Tras unos primeros años de prosperidad relativa y buenos resultados, la economía comenzó a estancarse y la alarma del aumento del desempleo a sonar con estridencia. A medida que avanzaba la década crecía peligrosamente el endeudamiento del Estado y también el de empresas y familias con ingresos en pesos pero deudas en dólares.

Como lo narramos en El Dólar. Historia de una moneda argentina (1931-2019) el período de la convertibilidad es un punto de inflexión en el largo proceso de popularización de la moneda norteamericana en nuestro país. A lo largo de varias décadas, signadas por la inestabilidad del peso, el dólar fue convirtiéndose en una moneda “popular”. Presente tanto como instrumento de interpretación de coyunturas políticas y económicas diversas como incorporado en los repertorios financieros para ahorrar, calcular precios, ganancias y patrimonios y concretar transacciones diversas, la trayectoria del dólar en nuestro país estuvo signada por la creciente familiaridad que fue adquiriendo con él gran parte de la sociedad. Esta historia del dólar como moneda “popular” en Argentina es un capítulo central de la propia historia del peso.

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El fin de la convertibilidad con la crisis de 2001 fue también el estallido de esa etapa de la popularización del dólar en la que la presencia de la moneda norteamericana en los repertorios financieros de los argentinos dejó de ser objeto de controversias y artilugios no siempre lícitos, para volverse legal. En el convulsionado verano de 2002, la protesta de los ahorristas y de los deudores hipotecarios señaló una novedad. Por primera vez en la historia nacional, el dólar se asociaba a un conflicto que se dirimía (al menos en parte) en las calles y que se enlazaba con un reclamo de derechos ciudadanos. El retorno del dólar a la escena pública se dio a través de las acciones de protestas de los ahorristas que le reclamaron al Estado su “derecho” a recibir los dólares que habían depositados en los bancos. Un nuevo significado público emergió: la posesión de dólares se convirtió en un derecho fundamental. Hasta el día de hoy, este significado sigue impregnando pasiones políticas que dividen a la sociedad.

* Autores de «El dólar. Historia de una moneda argentina (1931-2019)»

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