Dólar y tarifas, las anclas para contener la inflación mientras negocian la deuda y el acuerdo social

Algo subyace detrás de la decisión del Gobierno de no tocar las tarifas energéticas por 180 días ni las del transporte público metropolitano por 120. Para que esas medidas no tengan impacto fiscal, el dólar deberá quedarse quieto. Las anclas tarifarias y del tipo de cambio son las herramientas urgentes elegidas para contener una inflación que corre a un ritmo de 4 por ciento mensual.

El tipo de cambio mayorista no se mueve de $59,82 y el minorista sigue planchado en $63 (sin contar el “impuesto solidario”, que pagan las personas pero no las empresas que deban saldar importaciones). Con el cepo, el Banco Central se las arregla para ser el principal comprador de divisas que liquidan los exportadores en el Mercado Único y Libre de Cambios. Así, impide una apreciación mayor de la moneda y recompone reservas.

“El nivel del tipo de cambio real, liberado en parte de las presiones que se venían originando de la demanda para atesoramiento y turismo, permite prever cierta estabilidad en dicha variable, lo que en combinación con el congelamiento tarifario dispuesto (a pesar del costo fiscal de la medida) y la puesta en marcha del Consejo Económico y Social permitirían quitarle cierta inercia al proceso inflacionario”, indicó la consultora ACM en un reporte.

El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, adelantó que intentarán que esas referencias no se muevan para que tampoco aumenten las naftas. “Tenemos que darnos un tiempo para negociar si realmente hace falta o no aumentar la nafta si no se mueve el tipo de cambio”, dijo el funcionario este jueves a Radio con Vos.

Antes, Cafiero y el ministro de Transporte, Mario Meoni, dieron a entender en conferencia de prensa que el congelamiento de los boletos de colectivos y trenes del área metropolitana no acarrearía un aumento de subsidios porque el precio del combustible no se movería. “La medida que tomó el Presidente respecto al no aumento de combustibles en este período también impacta de manera importante sobre las empresas que transportan personas, con lo cual sus costos no van a tener un impacto mayor”, dijo Meoni.

En rigor, el Gobierno no tomó ninguna medida. Solo detuvo, de manera informal, un aumento que intentó efectuar el nuevo presidente de YPF, Guillermo Nielsen, del 5 por ciento, nunca comunicado oficialmente. Como YPF domina el 60% del mercado, le marca el ritmo a sus competidoras. Si Axion o Raízen (Shell) suben sin que la petrolera de capitales mixtos mueva sus precios, pierden más mercado en momentos de caída de ventas.

Cuando la conferencia de Cafiero y Meoni ocurrió, Estados Unidos todavía no había matado al general iraní Qasem Soleimani en Irak y el precio internacional del crudo no se había disparado 4% en pocas horas. Hasta ese momento, las petroleras calculaban que sus precios estaban entre un 10 y un 15% rezagados. Es una de las tantas tensiones que debe administrar el Gobierno: o privilegia a los consumidores o promueve inversiones en Vaca Muerta, la mina de divisas a la que tanto apuestan Alberto Fernández y su equipo económico.

Con estas medidas, el Gobierno intenta contener la inflación. El regreso del IVA a los 13 productos de la canasta básica alimentaria implicarán un 7% promedio de aumento para esos bienes que impactarán en un 0,3% en el índice de precios de enero, según estimaciones de Elypsis, que midió en diciembre una suba del 4,2%.

“Eso deja un arrastre para enero del 1,3% y lo del IVA agrega 0,3 puntos más. Tenemos una base de 1,6% si nada más aumenta, cosa improbable”, dijo Martín Kalos, economista jefe de esa consultora, que estimó, de manera muy preliminar, una inflación del 43,8% para todo 2020.

La hoja de ruta de los precios está supeditada a la renegociación de la deuda. El dólar y las tarifas fijos servirán para compensar la inercia del resto de los bienes y servicios que Economía y Desarrollo Productivo intentan desinflar. “En la Argentina se ha presentado el componente de la inercia inflacionaria. De ahí la importancia de los mecanismos de coordinación entre los actores, de precios y salarios”, dijo el ministro de Economía, Martín Guzmán, en el brindis de fin de año con periodistas. Esa agenda de acuerdo social necesita referencias claras de tipo de cambio y perspectivas fiscales que dependen de la negociación con los acreedores y los esfuerzos que haya que hacer para pagar la deuda.

El riesgo de la apreciación cambiaria

El riesgo del ancla cambiaria está latente. El tipo de cambio, a pesar de la brusca devaluación de los últimos dos años, no es del todo competitivo como para favorecer por sí solo las exportaciones (que pagan retenciones) y blindar a la industria local de la competencia externa. “Actualmente, el peso no está lo suficientemente subvaluado como para llevar una estrategia de tipo de cambio múltiple basada en la exportación”, indicó Elypsis en un reporte. El tipo de cambio real está a niveles de 2011, pero lejos de las equivalencias de 2004 y 2005.

Dicho de otra forma, cuanto más quieto se quede el dólar, más competitividad perderán los productores locales ante el avance de la inflación. Las exportaciones argentinas serán menos atractivas en precio para el mundo y los bienes importados recuperarán terreno en detrimento del sustituto nacional. Pero a la vez, si se “sueltan” los precios del dólar y de las tarifas más adelante, quizás en la segunda parte del año, el acuerdo social deberá ser muy preciso para que esos costos no se trasladen a los precios de los bienes y servicios que ya suben por inercia, a pesar de las anclas.

Por eso, el ministerio de Matías Kulfas prepara el regreso de las Licencias No Automáticas, trabas a las importaciones de bienes con el objetivo de proteger a la industria local. Desde fines de noviembre, el funcionario pedía a cámaras empresarias el detalle de las posiciones arancelarias que necesitan una ayuda del estado.

Si el paquete fiscal asegura más ingresos al Estado vía recaudación de impuestos y aumentos menores a jubilados de ingresos medios, la tarjeta alimentaria, los primeros acuerdos de precios (Precios Cuidados), los bonos a jubilados y titulares de la AUH y el aumento salarial por decreto buscan dotar de más ingresos a los consumidores. Los desincentivos al ahorro (el dólar para atesoramiento a $82 y las tasas de plazos fijos en terreno negativo) también volcarían recursos de las clases medias hacia las góndolas.

“En cuanto a la reactivación de la economía, en todo caso será producto de una serie de distorsiones que se generan gracias a la implementación de nuevas medidas. El cepo y el impuesto País generarán incentivos en algunos sectores (construcción, turismo, etc.). Las tasas de interés pasivas negativas generarán menor demanda por activos financieros y más activos reales. Si bien la tasa de interés de política monetaria se ubicará por encima de la inflación, la que recibe el ahorrista pierde contra la suba de precios fomentando el consumo, pero destruyendo el ahorro”, indicó la consultora LCG en un reporte.

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